-¿Cuál es su visión del panorama de la corrupción política en España, en determinados casos incluso avalada por las urnas?-Una de las sorpresas de esta realidad, la corrupción, es la actitud de los ciudadanos. Uno tiene dudas sobre si es fatalismo, si es cinismo, si es simplemente confusión, pero es realmente raro que se acumulen los casos de corrupción. En determinados casos, como el del PP valenciano de una manera abrumadora, que ha alcanzado a todas las tendencias del partido y que está afectando a instituciones claves como las diputaciones o la presidencia de la Generalitat.
Si ya es sorprendente la escasa reacción del propio partido, más lo es todavía la reacción de la ciudadanía. Pero yo tendría presente una cosa y si fuera responsable del PP me la plantearía. Es lo que algunas veces he llamado efecto condensación. El PP no hubiese perdido las elecciones por su pésima gestión del 11-M si antes no hubiese habido toda una serie de cuestiones: desde el Prestige, hasta la guerra de Irak, pasando por la boda de la hija de Aznar y otras cosas, que sin provocar de inmediato, en unos casos más y en otros menos, forzosamente una reacción popular, se fueron depositando. Y cuando llegó la mala gestión del 11-M, de pronto en la mente de los ciudadanos les apareció todo. Y probablemente sin estos precedentes, el efecto de la malta gestión del 11-M hubiese sido muy inferior. Esto puede algún día pasar una cosa parecida. En Francia ha sucedido con Sarkozy el caso L’Oreal, un caso más de los muchos de promiscuidad del presidente francés con el poder económico. Y de pronto la gente reacciona y se convierte en algo mucho más grave. Estas cosas hay que tenerlas en cuenta. Pueden pasar.
-Enmedio de este panorama ¿Zapatero está ya acabado o puede sobrevivir?-Creo que se equivocan los que dan por muerto a Zapatero. Además pienso que está pasándole una cosa muy curiosa: desde el momento en que tocó fondo el ajuste impuesto por Europa y por los Mercados, ha pasado un movimiento raro: el PP se ha quedado casi silencioso, probablemente por el peso de lo que a mí me parece un error mayúsculo: haber votado contra el ajuste, después de haberlo pedido tanto tiempo, porque ha sido lo que ha hecho que la gente se diera cuenta que el PP estaba más preocupado en recuperar el poder, que en afrontar la propia crisis económica. Y desde aquel momento Zapatero ha vuelto, poco a poco, a tomar un poco la iniciativa. Esto es una señal, que no quiere decir más que ésto. Pero sí que quiere decir que muerto no está. Tampoco que gane o pierda las elecciones en 2012, ni siquiera que vuelva a presentarse. Pero muerto no está.
Es un personaje relativamente superficial, con una cultura política limitada, pero con una capacidad de resistencia importante.
-¿Cómo ve el encaje del PSC en el PSOE del que se habla tanto durante las últimas semanas?-Creo que tras las elecciones catalanas puede haber un problema grave en Cataluña, tanto para los socialistas como para el país en general, porque el PSC ha sido un partido muy importante, que hacía una función de contrapeso y equilibrio importante en el país.
Después de las elecciones autonómicas el PSC puede entrar en una crisis muy seria y esta vez las cosas están de una manera que si el PSOE cometiese el error de intentar una especie de reconquista del PSC, éste se rompería. Y evidentemente entraría en un proceso de “gheticización” complicado. Creo que hay una hipótesis que puede alargar todo eso: es la de un gobierno CIU-PSC. A CIU le puede interesar, aunque no lo necesite para demostrar su dominio y su poder sobre el país. Al PSC le podría interesar para alejar la crisis, es decir para retrasarla y no entrar inmediatamente en ella. Aquí yo creo que se jugarán bastantes cosas, pero es verdad también que Convèrgencia i Unió puede tener la tentación de dejar caer al PSC sabiendo que entrará en crisis y pensando además, que igual le conviene a trabar alianzas con el PP que con el PSOE.
-¿La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Catalunya hace que se tenga que hablar ya de Estado Federal?-Yo creo que lo que demuestra es que hay una voluntad de marcar y definir los límites del estado autonómico y de darlo por cerrado. Esto, a mi entender, va en contra del espíritu constitucional, y así lo han entendido algunos de los padres de la Constitución como el propio Miquel Roca, y efectivamente si Cataluya, de pronto, tiene la sensación de que se le ha puesto un muro delante y que se le dice que de aquí no se pasa, tendrá que pensar en otras vías y cargarse de fuerzas y razones para ofrecer un nuevo pacto al Estado o cargarse de fuerzas y razones para seguir su camino propio. Y esta es la situación actualmente. Las elecciones autonómicas serán importantes porque me parece que es exigible a cada uno de los dirigentes que nos rigen que digan de verdad la hoja de ruta que piensan para los próximos cuatro años. El que diga que está por la independencia, que nos explique cómo y qué pasos piensa dar. Que no nos vendan humo. Y el que dice que está en un proceso soberanista y que en esta primera fase pasa por el concierto, que nos diga cómo lo conseguirá. El que siga defendiendo el pacto con España, que diga cómo ponerlo en marcha, cuáles son los pasos que dará, etc. Me parece exigible la hoja de ruta.
-¿Ve viable en este momento una reforma constitucional?-Así, en este momento, seguro que no. Pero estas cosas dependen mucho de la relación de fuerzas en cada momento. Y evidentemente lo que tienen que hacer los políticos catalanes que quieran plantear una cosa de este tipo, es en primer lugar hacer la acumulación de fuerzas en terreno propio y construir mayorías suficientes, con capacidad de influir en Madrid cómo para que los partidos políticos españoles tengan que sentarse a negociarlo.
-¿Cómo ve el panorama de bipartidismo PSOE-PP con el poder que tienen los aparatos de ambos partidos?-Es evidente que la forma partido plantea en este momento algunas crisis y hay dudas sobre si cumplen las funciones principales que les corresponden: que son la representación política y la selección de personal dirigente para las instituciones del Estado. Creo que hay dudas sobre estas funciones y sobre la selección de personal adecuado. Pero el problema de fondo es si los partidos políticos mandan o no, si tienen poder o no. Estamos en un problema de calado, que no es específico de aquí, sino de todos los países democráticos y que es que el poder económico se ha globalizado y el poder político sigue siendo nacional y local. Mientras este desajuste no se arregle, la gobernanza del mundo será muy difícil y la sumisión del poder político al el económico será cada vez mayor.
-¿Por qué los bancos, que han sido los causantes de la crisis económica mundial, no están pagando las consecuencias de lo que han hecho?-Entre otras cosas, porque los partidos políticos y los gobernantes no han sido capaces de imponerse suficientemente y les han dado dinero para su rescate, y no les han puesto a cambio condiciones exigibles, que se les tendría que haber puesto. En cualquier caso se les han puesto mucho más limitadas de lo que era deseable e incluso de lo que se había dicho en algunos momentos.
-¿La crisis ha tocado ya fondo?-Estas cosas son difíciles de saber. El que ha hecho pronósticos se ha equivocado siempre. Lo que sí da la sensación es que psicológicamente hay una mejor adaptación a la coyuntura y que la gente le está tomando un poco más la medida a la crisis. Hay que ver si en algún momento la fundada indignación de la gente se concreta y cristaliza en algunas políticas nuevas.
-¿Qué le parecen las propuestas concretas del gobierno recortando el sueldo a los funcionarios y retrasando la edad de jubilación?-El gobierno ha hecho algo que le han obligado a hacer. Aquí no hay una elección libre del gobierno español. Se trata de una imposición que viene de Europa y viene sobre todo de una actitud clauditacante de Angela Merckel en toda esta crisis. Yo soy de los que tengo dudas de que esta vía de la austeridad sin límites que se ha puesto de moda y parece que se ha impuesto cómo único camino posible, sea realmente eficiente. Creo que el rigor no puede desacompasarse de los estímulos y para crecer hay que poner estímulos sobre la mesa. No los veo en ninguna parte y esta es la cuestión. Los recortes de Fomento serán más problemas de paro para muchas empresas. Pero es la ortodoxia económica lo ha impuesto.
-¿Obama va por otro camino?-Tampoco tanto, un poquito, pero menos de lo que sería deseable. Hay que ver si Obama asienta su liderazgo. Diversos sectores de la sociedad americana han iniciado una caza del hombre, de él.