Ni el gobierno de entonces, PSOE-EU-UV, ni la oposición, BNV y dos grupos del PP (uno encabezado por Rosa Fuster y el otro, el “oficial” de Vicent Cabanilles, Carla Ripoll, Ignacio Malonda y otros) dijeron esta boca es mía una vez acordados los usos urbanísticos de la Ciutat del Transport en el Polígono de Benieto, y derrotado el voto particular de los minoritarios que prevenía sobre aquel tema. Todos, en esa legislatura y en las posteriores, fueron aprobando los pasos que finalmente han dado como resultado la instalación de un parque de medianas superficies, abanderado por Leroy Merlin, en el lugar.
Este semanario aseguró entonces y lo reafirma cada día que pasa en este asunto, que ésta era la situación por mucho que algunos grupos hayan querido desmarcarse de la cuestión, una vez conocidos los detalles de la misma.
No existe ninguna documentación oficial que diga lo contrario, más aún, lo realmente grave es que, independientemente de la discusión de fondo sobre el modelo comercial de la capital de la Safor, nadie diera importancia al tema, ni se reuniera con los comerciantes, ni con las asociaciones empresariales ni de vecinos para -dada la imposibilidad de detener este nuevo centro- prevenir al menos sobre el particular.
Para esto tuvieron la friolera de diez años y conste que al menos en “Gente de la Safor” se apuntó hace más de tres, la posibilidad de que allí se instalara, como finalmente ha sucedido, la gran superficie de bricolage de origen francés. Nada, silencio y dejar pasar.
Las razones las sabrán quienes han ostentado responsabilidades diversas tanto en los gobiernos como en la oposición.
Porque se da el caso de que la negociación sobre los comercios que allí se iban a instalar se llevó, se sabe, en el más absoluto de los secretos y se habla de pactos sobre por qué determinada marca tenía derecho a estar y otras no. Esa negociación se hizo durante la anterior legislatura y a la misma no parece que estuviera ajeno algún grupo político que hoy intenta, desesperadamente, desengancharse de la cuestión.
Otra cosa es el caso del “actual” PP, que quiere aparecer como “ignorante” de lo sucedido y, además, la emprenda contra el gobierno municipal como si ésta fuera una resolución que viene de nuevo.
Más aún, cuando su portavoz, ex presidente de los Comerciantes del centro Histórico y de cuya gestión deficitaria -en muchos sentidos- se han dado pruebas fehacientes en los últimos tiempos. Sobre todo cuando la subvención otorgada por el último centro comercial abierto en la ciudad, La Vital, de 300.000 euros, se gastó sólo en una asociación haciendo caso omiso del convenio que ordenaba distribuir ese dinero en “la promoción de todo el comercio de la ciudad de Gandia”.
Un dinero, que por cierto, estaba destinado en principio a mejorar el transporte público urbano de la ciudad, y al que posteriormente se dispuso -¿por indicación de quién?- que fuera para el comercio, con el resultado por todos conocido.
En todo caso sobran lamentos, excusas, y medias verdades.
*Editor de Gente